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El Fuego de Azgard

El Fuego de Azgard, CAPITULO 1: El Tercer Ciclo (Escenas 1 y 2)

 

El texto siguiente es sólo un borrador de dos escenas de “El Fuego de Azgard”. Al concluirse la redacción de toda la novela se procederá a su edición y correción de estilo. (El autor)

         

        

              

       

       

CAPITULO 1: El Tercer Ciclo

   

      

*  *  *  *  C-1 / E-1  *  *  *  *

        

         

La oscuridad fue herida por el destello en una alargada hoja de acero. El aire fue razgado con el silbido del metal surcando veloz el espacio. Luego, las hojas de dos espadas rivales chocaron violento centelleando... Nació la luz, y el tiempo pareció congelarse por un instante aquella noche sobre la España del siglo XVI.

Tarros de cerveza cayeron al suelo, derramando su contenido sobre la sucia duela. Las mesas de la taberna habíanse sacudido al apartarse los bebedores intempestivamente de sus asientos. Miradas turbias por el alcohol y la sorpresa contemplaron el momento en que dos hombres iniciaban una riña, espadas en mano.

       

Los aceros chocaron una y otra vez buscando herir la carne, la duela humedecida por el alcohol rechinaba, crujía con el peso y movimientos de los rivales, las añejas pilastras de madera que soportaban el techo eran sacudidas víctimas de la violenta pelea y la falta de mantenimiento. Y en lo alto, los candiles se mecían amenazando con provocar un incendio al caer...

-¡Por favor, nooo! Mi taberna... –Gimió el dueño del local y un tercer tipo de rudo aspecto le amagó con un puñal sobre la garganta. La turba reía divertida.

        

Continuó la lucha entre ambos hombres, uno de ellos aunque vestía ropajes finos distaba mucho de parecer miembro de la nobleza: rostro ennegrecido por el sol y el polvo de los caminos, cicatrices que evidenciaban una vida dedicada a la delincuencia; mirada maliciosa, siniestra...

-¿Estás seguro que sabes usar esa “reliquia” que llamas espada? –Rió burlón al notar los movimientos inseguros y torpes de su rival en turno.

Su oponente respondió con una mirada desafiante. Era un tipo desarrapado y sucio de edad indefinida, largos cabellos oscuros ondulados y abundante barba descuidada. Un sujeto de aspecto vulgar si no fuese por la lujosa espada que blandía, de empuñadura finamente ornamentada con doble traviesa que le daba aspecto de Cruz de Caravaca.

           

El andrajoso, jadeante, miró un momento su espada y sólo una palabra escapó de sus labios, casi como un susurro: Mamá...

Quedóse inmóvil, sin mirar a nadie. La gente reía a carcajadas, una turba de malvivientes como aquél con quien estábase batiendo.

-Imbécil... –Le dijo su adversario. –Nunca debiste desafiar a Damián, “La Serpiente”... -¡Y se abalanzó presto a segarle la vida!

        

         

*  *  *  *  C-1 / E-2  *  *  *  *

        

         

Nublóse la vista del harapiento por una fracción de segundo. Ante sus ojos apareció una imagen difuminada por el paso de los años: Una bella gitana de largos cabellos oscuros y ensortijados abrazando a un chiquillo de catorce años, arrodillada ella sobre un verde prado a la vera del Camino de Santiago. La voz de aquella mujer dejóse oír dentro su memoria: -Te amo, hijito mío... –Y luego, madre e hijo se apartaron lentamente con los ojos anegados en llanto... Sus ropas estaban manchadas de carmín... tibia sangre...

        

Con agudo silbido, la espada de Damián razgó los aires y el recuerdo de su rival, aproximándose violenta a su objetivo... ¡Pero el andrajoso detuvo en seco el golpe, interponiendo su espada velozmente!

Atónita, la gente vió cómo aquél tipejo mugroso respondió el ataque del delincuente, arremetiendo con una serie de golpes con su espada, ágiles, potentes, ¡imparables!

Damián fue sorprendido. Nunca supo lo que sucedió aquel instante. Ya era muy tarde cuando sus ojos desorbitados contemplaron la hoja de una espada ensangrentada saliendo de entre sus finos ropajes desgarrados a la altura del pecho... ¡El andrajoso le había atravezado el corazón!

        

El cuerpo de “La Serpiente” cayó al piso como fulminado por un rayo, quedando tendido de bruces ante su rival, quien le contemplaba desde lo alto con el rostro semi-oculto por sus largos cabellos.

Un silencio sepulcral reinó en la taberna por breves instantes.

Damián está muerto! –Gritó uno de los hombres que acompañaban al maleante aquella noche, y desenvainó su espada amenazante... Casi al unísono, el ruido de otros diez aceros brotando de sus fundas llenó el lugar. El resto de la gente dio varios pasos hacia atrás...

               

-¡Alto! –Gritó el hombre que amagara con su navaja al tabernero- No vale la pena vengar la muerte de quien perdiera en un duelo tan estúpidamente...

El tipo desaliñado les miró sin pronunciar palabra, sujetando su fina espada con ambas manos. El magnífico trabajo de orfebrería en la empuñadura cruciforme de su acero destelló a la luz de los candiles.

-No le matemos por Damián, entonces... –Masculló uno de ellos con la codicia brillándole en los ojos- ¡Matémosle para quedarnos con su espada...!

           

         

*  *  *  *  C-1 / E-3  *  *  *  *

        

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE ARTÍCULO

       

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