Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.

LA LEYENDA

   

 

 

     

          

*  *  *  *  *  *  *  *

            

El Fuego de Azgard  es una NOVELA INTERACTIVA que narra la historia de un personaje que pierde siete años de su vida tratando superar una experiencia muy dolorosa. Aislado, pasa el tiempo sin darse la oportunidad de experimentar una relación con su lado sensible, con la sociedad, con una pareja, con Dios... En un instante, inclusive consideró la posibilidad de terminar con una vida que él cree no tiene propósito, pasado, ni futuro...

        

El verdadero drama en esta historia comienza cuando sucede un evento que le hace comprender que puede reconstruir su vida en todos los niveles... pero no sabe cómo. Y en esta parte es donde entras tú, amigo lector. No te intimides por el hecho de que la historia transcurre en otros tiempos y otros espacios, la experiencia humana es y ha sido la misma, todos somos personas que pasamos por los mismos retos, y desgraciadamente, muchos no los hemos superado...

               

La aportación de los lectores no sólo ayudará al personaje a crecer como persona, a estar en paz consigo mismo, como un ser útil a la sociedad, como pareja, espiritual y emocionalmente firme. También habrá quien meta en problemas al personaje, quien deberá superarlos en el camino de vivir con dignidad. Al ayudar al personaje regalándole duras pruebas de vida, nos ayudaremos todos los participantes de esta historia, enriqueciendo nuestras vidas... y me ayudarás a mí, el autor.

           

Más allá de un simple reto literario “El Fuego de Azgard”  es un propósito de superación, una prueba de vida y un deseo de crecimiento espiritual por dejar la obra en la voluntad de Dios. Económicamente, nadie estará ganando algo por participar, ni siquiera su servidor.

             

A quien participe en este proyecto se le dará el crédito correspondiente como COLABORADOR de la obra literaria, y si llegara a interesarle, una amistad sincera que ofrecemos de todo corazón.

            

Sinceramente

LOS PARTICIPANTES EN EL PROYECTO

         

        

*   *   *   *   *   *

 

Esta novela se escribe a traves de

Juan Carlos Villordo García

con la colaboración de quienes

con sus palabras de aliento,

enseñanzas y aprecio sincero,

me motivan a seguir evolucionando

Diana Luz Guzmán Céspedes

Omar González Vázquez

Sofía Reyes Loaiza

Alfredo Vázquez Gabriel

y tú que dedicas un tiempo a conocer la obra...

         

¡DIOS NOS BENDIGA A TODOS!

           

        

*   *   *   *   *   *

 

Esta obra está dedicada con todo mi corazón a Dayanaris,

el ángel que Dios envió para iluminar mi vida.

(Juan Carlos)

        

        

*   *   *   *   *   *

         

ENTRA EN LOS TEMAS DÁNDOLE UN CLICK A LA IMAGEN CORRESPONDIENTE

          

*   *   *   *   *   *

       

             

INTRODUCCIÓN

Recreación de una novela que se consumió hasta ser cenizas

           

         

*   *   *   *   *   *

        

               

CAPÍTULO 1

El Tercer Ciclo

     

             

         

*   *   *   *   *   *

        

               

CAPÍTULO 2

Reencuentros

     

             

         

*  *  *  *  *  *  *  *

            

Esta novela se está publicando exclusivamente para internet de acceso gratuito, escena por escena y en tiempo real, conforme vaya redactando y capturando el material.

   

     

RECUERDA QUE TU PUEDES PARTICIPAR EN ESTE PROYECTO LITERARIO SIN PRECEDENTES:

        

Expresa tu opinión acerca de los personajes, el argumento y la redacción, en un momento en que la obra aún continúa inconclusa y escribiéndose, con posibilidades de alterar la trama, ¡¡¡ y el destino de los personajes en ella... !!!

     

SÓLO TIENES QUE LEER LAS ESCENAS ANTERIORES Y ESCRIBIR UN COMENTARIO A ESTE ARTÍCULO EN EL ESPACIO CORRESPONDIENTE.

Si tu sugerencia es adecuada para el desarrollo de la historia, será tomada en cuenta y  ¡¡¡se te dará el crédito correspondiente por tu aportación!!!

       

    

*   *   *   *   *   *

           

Las publicaciones bajo el sello “Todos somos Llanos de Apan”  utilizan los servicios de almacenamiento gratuito de fotografías de Revela on Line (http://www.revelaonline.com/). ¡Gracias Revela on Line!

             

*   *   *   *   *   *

           

Conoce otras publicaciones de Juan Carlos Villordo García haciéndo click en la sección de enlaces que hay en el extremo derecho de tu pantalla.

              

*   *   *   *   *   *

            

Las personas y direcciones indicadas no son reponsables del contenido de esta bitácora electrónica, esa es responsabilidad exclusiva del autor de este weblog.

           

*   *   *   *   *   *

Juan Carlos Villordo García

           

14/05/2008 11:20 Autor: Juan Carlos Villordo García. #.

El Fuego de Azgard, INTRODUCCIÓN

Recreación de una novela que se consumió hasta ser cenizas

        

        

           

En la misma época que me dediqué a escribir poemas y canciones, entre los años 1990 y 1993, vivía con el corazón en la mano, tenía una especial sensibilidad para captar cosas que la gente común no percibía. Quizás por eso llegué a tener sueños secuenciales, casi como si estuviera “sintonizando” en mi mente dormida fragmentos de una película que no se borraban al despertar como suele suceder.

La secuencia de sueños más inquietante por su realismo y lógica en la trama (algo insólito considerando que se trataba del producto de una mente no conciente) consistía en la historia de personajes que vivieron en el límite de la edad media europea y el renacimiento, en una época de transición y contradicción donde el propósito de la existencia era un fundamento sacudido por los nuevos descubrimientos, junto con las ideas sobre Dios, el cosmos, la filosofía. Y en medio de esto, se hallaba una historia de amor trágico, al filo de la ilusión y el desencanto.

       

Plasmar esa historia en tinta y papel requeriría de un esfuerzo más allá de redactar una narración descriptiva de lo onírico. Era necesario usar todas las armas que tuviese a mi alcance para crear una obra literaria digna basada en esos sueños. Así nació “El Fuego de Azgard, un proyecto ambicioso de doble propósito, pues por un lado escribí una novela y por el otro una obra de investigación para dotar a la novela de un adecuado marco socio-histórico y la atmósfera mística propia del sueño original.

Ambos trabajos fueron prácticamente finalizados a nivel borrador pocos meses después de haber terminado el bachillerato, a partir de entonces dediqué poco tiempo a corregir los textos hasta dejarlos archivados. Igualmente, abandoné la redacción de poemas y canciones. Una época marcada por una intensa sensibilidad donde las decisiones de mi vida eran dictadas exclusivamente por una voz que hablaba al corazón había terminado. Y no está por demás decir, que fue la mejor época de mi vida...

      

En el año 2000, con el propósito de cerrar capítulos en mi vida que consideré una carga en tal momento, destruí todos los textos que había redactado hasta esa fecha y los incineré para no volver a verlos nunca más. Literalmente y literariamente, reduje a cenizas el producto de la voz del corazón para que a partir de entonces sólo hablase la voz de mi razón. No más romanticismos, no más experiencias místicas, ni perseguir falsas ilusiones.

Tras la destrucción de “El Fuego de Azgard, me concentré en la redacción de lo que terminó siendo el libro Entre lo secreto... y lo prohibido”, el principio de una nueva forma de vida que produjo obras interesantes, pero que dejó un vacio muy grande en mi interior.

         

Han pasado ocho años en los que no había vuelto a pensar en esa novela desaparecida, recordando pocos detalles acerca de ella. En abril de este año 2008 sucedieron una serie de eventos que me hicieron comprender cuanto había equivocado el camino, y sucedió el milagro: No sólo empecé a escribir versos de nuevo, comencé a recordar canciones que ya ni siquiera recordaba haberlas escrito, junto con pasajes enteros de la novela “El Fuego de Azgard, hasta el punto de considerar la posibilidad de reescribir ésta última.

Los personajes, el argumento central, los escenarios aún existen en mi mente, flotando como sombras de una vida pasada. Aún me invitan a transfiguralos en una obra de arte que como tal, no merece archivarse y condenarse al olvido, más aún, cuando en estos tiempos se hace cada vez más evidente nuestro proceso de deshumanización, la poca sensibilidad al dolor ajeno, a nuestros sentimientos, a nuestra espiritualidad...

          

Así renació este proyecto donde se irá publicando la obra, escena por escena, conforme vaya redactando y capturando el material, hasta ver íntegra la novela El Fuego de Azgard”, con la colaboración de los amigos que con sus palabras de aliento, enseñanzas y aprecio sincero, me motivan a seguir evolucionando.

           

Más allá de un simple reto literario “El Fuego de Azgard”  es un propósito de superación, una prueba de vida y un deseo de crecimiento espiritual por dejar la obra en la voluntad de Dios. Económicamente, nadie estará ganando algo por participar, ni siquiera su servidor.

         

         

Advierto, sin embargo, que esto habrá de llevarse meses, quizás años antes de concluírse; además dado que hoy resulta prácticamente imposible reconstruír la obra con la precisión histórica que alguna vez tuvo, la trama será alterada para ubicarla en una fecha indefinida, anexando la atmósfera fantasiosa típica de las leyendas, junto con otros giros en los eventos descritos en ella que vaya considerando prudente agregar.

          

Es por ello que El Fuego de Azgard renacerá de las cenizas convertido en una leyenda, una leyenda que algún día será una novela publicada con el própósito de que, si Dios así nos lo permite, a traves de esta obra ÉL pueda iluminarnos y hablarnos al corazón...

              

           

*   *   *   *   *   *

Juan Carlos Villordo García

Correo electrónico: juancarlos_v_garci@hotmail.com

Todos somos Llanos de Apan

   http://llanosdeapan.blogia.com

          

14/05/2008 11:24 Autor: Juan Carlos Villordo García. #. Tema: Introducción

El Fuego de Azgard, CAPITULO 1: El Tercer Ciclo (Escenas 1 y 2)

 

El texto siguiente es sólo un borrador de dos escenas de “El Fuego de Azgard”. Al concluirse la redacción de toda la novela se procederá a su edición y correción de estilo. (El autor)

         

        

              

       

       

CAPITULO 1: El Tercer Ciclo

   

      

*  *  *  *  C-1 / E-1  *  *  *  *

        

         

La oscuridad fue herida por el destello en una alargada hoja de acero. El aire fue razgado con el silbido del metal surcando veloz el espacio. Luego, las hojas de dos espadas rivales chocaron violento centelleando... Nació la luz, y el tiempo pareció congelarse por un instante aquella noche sobre la España del siglo XVI.

Tarros de cerveza cayeron al suelo, derramando su contenido sobre la sucia duela. Las mesas de la taberna habíanse sacudido al apartarse los bebedores intempestivamente de sus asientos. Miradas turbias por el alcohol y la sorpresa contemplaron el momento en que dos hombres iniciaban una riña, espadas en mano.

       

Los aceros chocaron una y otra vez buscando herir la carne, la duela humedecida por el alcohol rechinaba, crujía con el peso y movimientos de los rivales, las añejas pilastras de madera que soportaban el techo eran sacudidas víctimas de la violenta pelea y la falta de mantenimiento. Y en lo alto, los candiles se mecían amenazando con provocar un incendio al caer...

-¡Por favor, nooo! Mi taberna... –Gimió el dueño del local y un tercer tipo de rudo aspecto le amagó con un puñal sobre la garganta. La turba reía divertida.

        

Continuó la lucha entre ambos hombres, uno de ellos aunque vestía ropajes finos distaba mucho de parecer miembro de la nobleza: rostro ennegrecido por el sol y el polvo de los caminos, cicatrices que evidenciaban una vida dedicada a la delincuencia; mirada maliciosa, siniestra...

-¿Estás seguro que sabes usar esa “reliquia” que llamas espada? –Rió burlón al notar los movimientos inseguros y torpes de su rival en turno.

Su oponente respondió con una mirada desafiante. Era un tipo desarrapado y sucio de edad indefinida, largos cabellos oscuros ondulados y abundante barba descuidada. Un sujeto de aspecto vulgar si no fuese por la lujosa espada que blandía, de empuñadura finamente ornamentada con doble traviesa que le daba aspecto de Cruz de Caravaca.

           

El andrajoso, jadeante, miró un momento su espada y sólo una palabra escapó de sus labios, casi como un susurro: Mamá...

Quedóse inmóvil, sin mirar a nadie. La gente reía a carcajadas, una turba de malvivientes como aquél con quien estábase batiendo.

-Imbécil... –Le dijo su adversario. –Nunca debiste desafiar a Damián, “La Serpiente”... -¡Y se abalanzó presto a segarle la vida!

        

         

*  *  *  *  C-1 / E-2  *  *  *  *

        

         

Nublóse la vista del harapiento por una fracción de segundo. Ante sus ojos apareció una imagen difuminada por el paso de los años: Una bella gitana de largos cabellos oscuros y ensortijados abrazando a un chiquillo de catorce años, arrodillada ella sobre un verde prado a la vera del Camino de Santiago. La voz de aquella mujer dejóse oír dentro su memoria: -Te amo, hijito mío... –Y luego, madre e hijo se apartaron lentamente con los ojos anegados en llanto... Sus ropas estaban manchadas de carmín... tibia sangre...

        

Con agudo silbido, la espada de Damián razgó los aires y el recuerdo de su rival, aproximándose violenta a su objetivo... ¡Pero el andrajoso detuvo en seco el golpe, interponiendo su espada velozmente!

Atónita, la gente vió cómo aquél tipejo mugroso respondió el ataque del delincuente, arremetiendo con una serie de golpes con su espada, ágiles, potentes, ¡imparables!

Damián fue sorprendido. Nunca supo lo que sucedió aquel instante. Ya era muy tarde cuando sus ojos desorbitados contemplaron la hoja de una espada ensangrentada saliendo de entre sus finos ropajes desgarrados a la altura del pecho... ¡El andrajoso le había atravezado el corazón!

        

El cuerpo de “La Serpiente” cayó al piso como fulminado por un rayo, quedando tendido de bruces ante su rival, quien le contemplaba desde lo alto con el rostro semi-oculto por sus largos cabellos.

Un silencio sepulcral reinó en la taberna por breves instantes.

Damián está muerto! –Gritó uno de los hombres que acompañaban al maleante aquella noche, y desenvainó su espada amenazante... Casi al unísono, el ruido de otros diez aceros brotando de sus fundas llenó el lugar. El resto de la gente dio varios pasos hacia atrás...

               

-¡Alto! –Gritó el hombre que amagara con su navaja al tabernero- No vale la pena vengar la muerte de quien perdiera en un duelo tan estúpidamente...

El tipo desaliñado les miró sin pronunciar palabra, sujetando su fina espada con ambas manos. El magnífico trabajo de orfebrería en la empuñadura cruciforme de su acero destelló a la luz de los candiles.

-No le matemos por Damián, entonces... –Masculló uno de ellos con la codicia brillándole en los ojos- ¡Matémosle para quedarnos con su espada...!

           

         

*  *  *  *  C-1 / E-3  *  *  *  *

        

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE ARTÍCULO

       

14/05/2008 11:27 Autor: Juan Carlos Villordo García. #. Tema: Capítulo 1

El Fuego de Azgard, CAPITULO 1: El Tercer Ciclo (Escenas 3, 4 y 5)

 

El texto siguiente es sólo un borrador de varias escenas de “El Fuego de Azgard”. Al concluirse la redacción de toda la novela se procederá a su edición y correción de estilo. (El autor)

        

           

               

*  *  *  *  C-1 / E-3  *  *  *  *

        

         

El hombre de las ropas desgarradas sentía el batir de su corazón, agitado, veloz. Una docena de maleantes comenzaron a rodearlo con las espadas dispuestas para usarlas, miradas amenazantes, rostros sombríos.

De pronto, el ruido de un potente golpe llenó el espacio, las puertas de la taberna habían azotado violentamente al abrirse de par en par.

-¡Viene la Guardia...! –Gritó alguien asomándose al interior del local y los cascos de caballos al galope se dejaron oír cercanos, el sonido agigantándose velozmente.

-¡Vámonos, rápido!

Convertida en un auténtico tropel, la gente abandonó la taberna hecha una pocilga. El tabernero quedóse tras la barra, mirando impotente su destrozado negocio, donde solamente quedaba aquél andrajoso junto al cadáver de su rival.

     

El tipo mugroso descansó la punta de su fina espada en el piso, y apoyó su cuerpo en ella a manera de báculo para arrodillarse ante el cuerpo de Damián. Aún se oía el chocar de los cascos de los caballos sobre el empedrado, cuando su mano buscó la inerte diestra de su enemigo para quitarle un anillo de plata que portaba en el meñique. Una alianza ornamentada con una luna resplandeciente.

-¡Desmonten! –Oyóse una potente voz proviniendo desde afuera, y el ruido de hombres bajando de sus monturas frente la taberna.

El harapiento, sin embargo, con movimiento pausado, colocó aquél anillo de plata en su propio meñique. Cerró furtemente los ojos, y jadeante, recargó su frente en la empuñadura cruciforme de su espada, los largos y sucios cabellos cubriéndole el rostro. Su boca se abrió apenas para susurrar estas palabras:

-Ahora podemos descansar en paz, madre mía... –Sacó de entre sus harapos una daga, apuntó la filosa hoja de acero hacia su corazón, y se mordió los trémulos labios para no derramar una lágrima...

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-4  *  *  *  *

        

         

-No te muevas... – Ordenó una voz rasposa, al tiempo que la punta de una espada se posó sobre el hombro del harapiento que, aún arrodillado, daba la espalda a su agresor. La filosa hoja de acero se acercó a su cuello.

-¡Arréstenlo! –Gritó el tabernero haciendo aspavientos de ira con sus manos. -¡Él inició una pelea y mató a ese hombre!

-¿Qué tienes que decir a tu favor? –El oficial de la Guardia mantuvo su espada junto al cuello del desarrapado, al preguntar.

-La justicia desciende a veces por la mano de los civiles... –Respondió aquél. –Yo no maté a un hombre, libré a este mundo de la serpiente...

     

Extrañóse el oficial ante la respuesta del harapiento. Su lenguaje no era típico de quien vistiese tan pobremente como él.

Después agregó el mugroso:

-Quien yace frente a nosotros es Damián, “La Serpiente”...

Y con una mirada, el oficial indicó a uno de sus hombres que revisara el cadáver.

El otro oficial de la Guardia empujó con su bota el inerte cuerpo para colocarlo boca arriba y la sorpresa se dibujó en su rostro.

-¡Es Damián, el ladrón y asesino! –Exclamó al tiempo que notaba cómo la mano del desarrapado aún sotenía la filosa navaja junto a su pecho. -¿Qué diantres estás haciendo? ¡Suelta esa daga! ¡Ahora!

El andrajoso permaneció unos instantes inmóvil, titubeante... Suspiró profundo, tembló su pulso... y soltó la daga.

          

-¡Arroja tu espada al piso! –Le ordenó el oficial que estaba a sus espaldas, y escuchóse el sonido del acero cruciforme del harapiento al caer sobre la duela.

-¿Quién eres? –Le preguntaron.

El tipo mugroso levantó su rostro, miró por encima de su hombro al guardia que hallábase tras él, y le dijo casi jadeante: -Soy Monfalcon...

Luego sacudió la cabeza como si despertase de un mal sueño y repitió casi para sí mismo, cerrando los ojos. –Soy Monfalcon O´Donovan.

Y la luz se extinguió rápidamente para él...

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-5  *  *  *  *

        

         

Los ojos del harapiento se abrieron pesadamente. Una intensa oscuridad le rodeaba en un lugar desconocido. Estaba sobre un lecho, en una habitación casi desprovista de mobiliario, con una ventana minúscula cerrada con gruesas puertecillas de madera.

Un crujido, y luego, el agudo rechinar de una puerta que se abría rompió el silencio. La tenue luz de una lámpara de aceite iluminó la figura de un hombre en el umbral.

-¿Es tu primera vez en una celda? –Dejóse oir su voz, suave, afable.

-S-sí... –Respondió Monfalcon y buscó incorporarse. Después agregó. -¿Y tú?

-Yo vivo en una celda como esta... –Sonrió aquél desconocido, apartó de su cabeza una capucha y acercó la lámpara para iluminar su rostro. –Este es mi hogar desde que tomé los votos hace treinta años.

Era un anciano fraile quien ingresaba a la habitación.

-Estás en el monasterio de la Orden de San Francisco. –Le dijo. –Bienvenido, soy el Padre Bernardino.

     

-Es un placer conocerlo... –Atinó a decir el harapiento. -Yo soy Monfalcon O´Donovan.

-Lo sé. –El religioso puso la lámpara sobre una repisa, acercó una silla junto al lecho y agregó mientras sentábase en ella. –Curioso nombre, ¿sabes...? ¿Francés o inglés?

 -Soy español. Nací en Toledo. –Respondió. –Mi padre es irlandés, mi madre... mi madre era del sur de Francia.

-¿Era?

-Sí...

-Dios sabe porqué hace las cosas, hijo mío... Fray Bernardino puso su mano sobre la cruz del rosario que portaba en el cuello. –Y tú, ¿sabes por qué estás aquí?

El harapiento negó con un ligero movimiento de su cabeza.

-El capitán Yáñez de Vera te trajo para que te atendiera... ¿Hace cuánto tiempo que no comes ni descansas lo suficiente?

       

-No importa. –Apresuró el fraile. –Mañana a primera hora vendrán por ti para llevarte al cuartel de la Guardia. Supongo que sabes porqué no estás en prisión esta noche luego de lo que hiciste...

-Creo saberlo. –Sentóse Monfalcon en la cama. –Pero eso no importa... Ya tuve mi recompensa y aún estoy vivo... ¿Me puedo ir?

-Temo que no, hijo mío. –Rechazó el anciano gentilmente. –En verdad me sorprende que pidas irte ahora. Cualquiera en tu lugar esperaría el día de mañana con gran ansiedad, pero tú, tú no...

        

-Quédate sólo esta noche. –Ofreció el religioso con una sonrisa y posó su mano sobre el hombro del desarrapado. –Hablemos. Cuéntame tu historia mientras compartimos el pan, el vino, y después, después harás lo que debas hacer...

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-6  *  *  *  *

         

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE ARTÍCULO

 

15/05/2008 21:30 Autor: Juan Carlos Villordo García. #. Tema: Capítulo 1

El Fuego de Azgard, CAPITULO 1: El Tercer Ciclo (Escenas 6 y 7)

 

El texto siguiente es sólo un borrador de varias escenas de “El Fuego de Azgard”. Al concluirse la redacción de toda la novela se procederá a su edición y correción de estilo. (El autor)

         

           

               

*  *  *  *  C-1 / E-6  *  *  *  *

        

         

-Sucedió siete años atrás, durante los festejos a Santiago Apóstol... –Escuchóse la voz de Monfalcon haciéndo eco en el refectorio del convento. Fray Bernardino atendía. –Yo apenas era un chiquillo de catorce años...

El hombre desarrapado cerró sus ojos y guardó silencio un instante. Las imágenes de aquella época se desbordaron en su mente, tan vívidas como si fuesen del día anterior.

       

El joven Monfalcon y sus padres iniciaron la ruta jacobea para atravezar el norte de la península, desde la frontera con Francia por Roncesvalles, recorriendo a pie Estella, Burgos, Astorga... hasta llegar a la ciudad de Santiago de Compostela aquella mañana del 25 de julio.

Su padre era un hombre barbado y ligeramente encanecido, humildes ropajes, más sin embargo, su porte gallardo inspiraba respeto. Su madre vestía a la típica usanza de la raza calé, su bella faz enmarcada por grandes arracadas semiocultas por la abundante cabellera. El joven Monfalcon veíase también arropado modestamente, rostro y alma de niño.

La plaza ante la Catedral de Santiago estaba llena durante la romería, con el bullicio de los peregrinos y los mercaderes, los aromas de comida y flores, el incienso de las procesiones.

      

-¡No juegues con esa espada! –Reprendió su padre a Monfalcon con tan sólo mirarlo acercar su mano a la fina espada cruciforme que portaba su madre sobre el pecho. La misma espada con la forma de una Cruz de Caravaca.

-Te aseguro que no vá a desprender el damasquinado de la empuñadura, querido... otra vez... -Intervino la hermosa, al tiempo que tomaba al hombre de su brazo.

-¡Mamá! –Replicó el muchacho con enfado.

-Recuerda que no es una espada común, hijo. –Afirmó ella. –Es una espada ritual muy antigua que trajo tu padre de Irlanda como recuerdo familiar y que...

-...y que hemos traído a Compostela para consagrarla. –Apresuró Monfalcon. –Entendería porqué conservamos una espada como si fuera un crucifijo en nuestro oratorio si me dijeran cuál es su importancia... Creo que las espadas son para usarse, no para rendirles culto.

         

-No es un culto a la espada, bien lo sabes. –Señaló el padre. –Es la importancia de los símbolos conjugados en ella, y que tu comprenderás cuando estés listo para hacerlo. Por eso mandé ornamentar la empuñadura con hilos de oro y plata... Si atendieras lo que te digo en el laboratorio lo entenderías...

-Yo no quiero ser alquimista como tú, papá... –Detúvose el muchacho. –Yo quiero ser Capitán de la Guardia...

-¡Por favor! No otra vez. –Refunfuñó su padre. -¿No ha servido de nada que yo me esforzara en darte una educación privilegiada, ni traerte a peregrinar por el Camino de Santiago? ¿Aún prefieres arriesgar tu vida segando la vida de otros en lugar de salvar tu alma?

-Richard, por favor... –Trató contenerle su esposa.

-Deja que el muchacho conteste, Selene.

        

El joven Monfalcon respondió con la vista baja, mirando al suelo, más con voz firme: -Sólo creo que la gente nos vería con mejores ojos si fuésemos una familia normal como las demás... – Sus palabras enmudecieron a sus padres. -Me duele pensar que para salvar el alma deba sacrificar el vivir mi vida... ¿Es necesario que para ello no sólo me mantenga hermético y aislado, con una existencia casi monástica, si no que además sea blanco de las burlas de la gente?

-Ora et labora... Ora y labora, reza y trabaja... Yo no sé si valga la pena vivir de esa forma. –Agregó el muchacho con la mirada buscando los ojos de su padre. –Tu ciencia quizás llegue a salvar almas, pero ¿será capaz de salvar vidas?

Richard enrojeció y apretó sus labios. Estuvo a punto de soltar una bofetada sobre la faz del chico.... Estuvo...

El hombre bajó la mirada, tomó el brazo de su esposa... y continuaron en silencio su camino rumbo a la Catedral.

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-7  *  *  *  *

        

         

-Me porté como un estúpido insensible y ruin... –Reconoció el Monfalcon que confesaba su pasado a Fray Bernardino. Suspiró. Y continuó su relato. –A la siguiente mañana, tras bendecir la espada, salimos a pie de Santiago de Compostela. Ibamos hacia un pueblito cercano donde nos informaron que podríamos comprar unos caballos a buen precio para volver a Toledo...

El ayer desbordó nuevamente transfigurado en imágenes y sonidos dentro su memoria.

       

Richard, su padre, por fín había accedido a permitir que Monfalcon portase la espada consagrada, envuelta en un gran trozo de áspera tela café oscuro, la misma tela que usaban para confeccionar los hábitos de los frailes. La familia caminaba apartada del resto de la gente, un numeroso grupo de peregrinos avanzaban por la misma ruta detrás de ellos, distantes, en el tortuoso camino de terracería.

Un recodo en el camino... Los espesos arbustos impidiendo ver más adelante, el sonido de cascos de un caballo acercándose.

Richard hizo lo que tantas veces hiciera durante la peregrinación: Con una mirada sobre los bellos ojos de Selene, le indicó que se quitase la valiosa sortija de compromiso hecha de plata que llevaba puesta, mientras él hacía lo propio con su alianza de oro, para ocultarlas entre sus modestos ropajes.

      

Un hombre montado salió a su encuentro, acercándose pausado. El jinete se aproximó con el rostro bajo, la faz semioculta por el ala ancha de su sombrero.

-¿Cuánto falta para llegar a Compostela? –Le preguntó a Richard, tras levantar su brazo a manera de saludo.

-¿A caballo?  Una hora... –Respondió el padre de Monfalcon, acercándo el grácil cuerpo de Selene un poco más junto al suyo.

El jinete alzó su rostro. Para la familia O´Donovan, el hombre era un desconocido de piel oscurecida por el sol, cicatrices surcando la mejilla, mirada penetrante, casi siniestra... Era Damián...

     

Un instante incómodo. Damián observó a la humilde familia detenidamente, en silencio. Notó el extraño bulto que el joven Monfalcon cargaba entre sus brazos. Parecía una cruz cualquiera envuelta en la tela, como muchas otras. El desdén se dibujó en su mirada al girar su cabeza... y arreó a su caballo para seguir su camino.

       

Richard y Selene apuraron el paso, inquietos por aquél extraño encuentro, buscando apartarse del jinete lo más rápido posible. Monfalcon, sin embargo, permaneció allí temeroso, contemplando al hombre al alejarse.

-Hijo, nunca mires atrás... –Le dijo su padre, el muchacho asintió en silencio, dio tres pasos apresurados sobre el accidentado camino y... tropezó.

Monfalcon vió la espada escapar de sus brazos girando en el aire, desenvolviéndose de la tela, mientras él caía de bruces pesadamente al suelo. Y después, el inconfundible sonido del acero botando sobre las rocas expandióse en el silencio de la campiña.

Damián lo escuchó... Volteó su rostro, vió la fina espada cruciforme tirada en el camino... Y sonrió maliciosamente...

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-8  *  *  *  *

         

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE ARTÍCULO

 

21/05/2008 12:41 Autor: Juan Carlos Villordo García. #. Tema: Capítulo 1

El Fuego de Azgard, CAPITULO 1: El Tercer Ciclo (Escenas 8 y 9)

 

El texto siguiente es sólo un borrador de dos escenas de “El Fuego de Azgard”. Al concluirse la redacción de toda la novela se procederá a su edición y correción de estilo. (El autor)

         

           

               

*  *  *  *  C-1 / E-8  *  *  *  *

        

         

-¡Arre..! Damián espueleó a su montura, haciéndo que el corcel se abalanzara volviendo sobre sus pasos, en una carrera frenética, sin importarle que para llegar hasta la espada tirada en el camino... ¡Debía pasar sobre el cuerpo de Monfalcon!

Richard no titubeó. Corrió hacia el muchacho ayudándole a ponerse en pie y lo envolvió entre sus brazos. Más no pudo evitar que el jinete pasara derribándolos, arrojándolos violentamente sobre las rocas a la vera del camino. Al mismo tiempo, Selene recogió la espada y echó a correr por el verde prado, seguida por el maleante.

           

Monfalcon quiso incorporarse, sin conseguirlo. El cuerpo de su padre hallábase inmóvil sobre el suyo, aprisionándolo contra el suelo. Richard se había golpeado la cabeza contra las rocas, perdiendo el sentido...

Damián saltó del caballo en pleno movimiento, derribando a Selene, más ella no soltó la fina espada. La mujer se revolvió cual fiera acorralada para incorporarse rápidamente, el acero en mano, y buscó con la mirada a su atacante... Damián ya la esperaba de pie, con su espada desenvainada.

-¿Estás segura que sabes usar esa espada? –La socarrona voz del maleante llegó hasta oídos de Monfalcon, quien luchaba por escapar del abrazo de su padre inconsciente.

-¡Mamá, noo! –Gritó el muchacho. -¡Dále la espada...!

Selene miró a Damián, luego sus ojos buscaron en la lejanía. Allende, a cuatrocientos metros de distancia, los demás peregrinos parecieron notar apenas que algo malo estaba ocurriendo.

Ella tomó el acero con ambas manos y lo levantó hasta la altura de su hombro, amenazante.

-Antes de que puedas siquiera tocarme... –Rió burlón el delincuente, al tiempo que sacaba una daga. -...Esta navaja ya te habrá traspasado.

         

Richard al fín comenzó a moverse pesadamente. La mujer vió a su hijo luchando por ir a ayudarle. Ella le miró ponerse en pie y echar a correr hacia ellos, vió la perversa expresión en el rostro de Damián, las espadas, la daga... Imaginó lo peor. La vida de su hijo peligraba si le permitía tiempo suficiente para acercarse.

Ella volteó hacia lo alto. Cielo azul. Nubes espesas. Ramas de los árboles. Reunió todas sus fuerzas, giró la espada por los aires... ¡y la arrojó sobre la copa de un árbol...!

-¡Noooo...! –Gritó enfurecido el delincuente al ver perdido el acero que jamás le perteneció. -¡Perra maldita, lo pagarás caro...!

¡Y Damián lanzó la horrenda navaja contra Selene...!

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-9  *  *  *  *

        

         

Una alianza de plata saltó de pronto al razgarse las ropas y hundirse el acero. La fría hoja de una daga hirió el costado de Selene, haciéndola caer de rodillas sobre el pasto, con una profunda herida.

El maleante recogió el fino anillo de plata ornamentado con una luna resplandeciente. Sonrió complacido. Y sin dignarse a mirar su fechoría, corrió hacia su caballo.

-¡Gracias por el buen negocio! –Gritó al tiempo que montaba su corcel. –¡Mi daga a cambio de tu alianza...!

Y riendo a carcajadas, como un demente, se alejó al galope.

Selene extrajo la filosa navaja de su costado, y la tiró sobre la hierba que se mecía como queriendo acariciarla y reconfortarla. El viento soplaba. Nubarrones de tormenta oscurecieron lentamente los cielos. A lo lejos, confundida con el ruido del agitado correr de los demás peregrinos que se aproximaban, se escuchó la descarga de un relámpago.

        

Cuando Monfalcon pudo llegar con su madre, ella estaba perdiendo mucha sangre. La bella gitana de largos cabellos oscuros y ensortijados abrazó a su chiquillo de catorce años, arrodillada sobre el verde prado a la vera del Camino de Santiago. Su voz, dulce, melodiosa, se escuchó muy cerca del oído de Monfalcon: -Te amo, hijito mío... –Y luego, madre e hijo se apartaron lentamente con los ojos anegados en llanto... Sus ropas estaban manchadas de carmín... tibia sangre...

Richard, tambaleante, se aproximaba poco a poco a su familia, con la frente ensangrentada, avanzando penosamente.

        

-¿Por qué, mamá...? –Le preguntó el muchacho a la mujer. -¿Por qué lo hiciste?

-L-la inscripción... en la hoja de la espada... –Respondió ella respirando con dificultad. –Es lo único que... que puede legitimar tu linaje...

-¿Linaje? –Extrañóse el chiquillo mientras su madre le enjugaba las lágrimas. -¿De qué hablas mamá? ¡Mi única familia son ustedes...!

-Escúchame... –Agregó Selene, depositando un beso en las manos de su hijo que aprisionaba entre las suyas. –Y-yo no tengo estirpe... no puedo darte lo que... lo que te pertenecerá... cuando tengas la sabiduría... y la edad suficiente...

        

-Calla, mujer... –Le dijo Richard, al tiempo que se arrodillaba junto a ella y le abrazaba.

-Richard, mi sol que me ilumina... –La voz de Selene se fue apagando rápidamente. –Sé que lo amas... tanto como yo... Déjalo ser...

El hombre besó la frente de su esposa con trémulos labios, ella cerró los ojos y le abrazó con todas las fuerzas que restaban en su grácil cuerpo... por última vez...

              

         

*  *  *  *  C-1 / E-10  *  *  *  *

        

CONTINÚA EN EL SIGUIENTE ARTÍCULO

27/05/2008 12:53 Autor: Juan Carlos Villordo García. #. Tema: Capítulo 1


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.